| El
Comercio Justo: origen y evolución |
A modo de introducción: Un ejemplo
gráfico del comercio "injusto"
El mercado no es neutral, es un instrumento
económico que puede servir para construir o destruir. Un
medio para el reparto de la riqueza. . Dependerá de la
voluntad humana, pero esa voluntad es, hoy, la de quienes controlan
el mundo, o lo que es lo mismo quienes controlan los mercados.
La guerra, el saqueo y el pillaje van
muy vinculados al nacimiento de los nuevos mercaderes y comerciantes.
El mercado da surgimiento a las primeras ciudades industriales
en Europa.
Tres actores o sujetos que rigen la economía
global: productores, distribuidores o intermediarios y consumidores.
Los productores que más valor aportan al ciclo son los
más explotados.
Buscando una definición de Comercio
Justo: Sujetos que intervienen
Tres nuevos sujetos económicos:
- Pequeños-Productores-asociados.
- Consumidores-responsables.
- Mediadores-facilitadores.
Podemos decir que se trata de sujetos que han aprendido las lecciones
de la Historia y por eso son nuevos.
Después de tanta alienación
y manipulación la gente reacciona, y una de las lecciones
aprendidas es que hoy los consumidores empezamos a ser conscientes
de nuestro poder. Como tales consumidores votamos todos los
días eligiendo los productos que compramos. El consumidor
está empezando a entender que con su consumo puede castigar
a empresas por su mala conducta frente al medio ambiente, sus
trabajadores o su comportamiento en el Tercer Mundo. Pero de lo
negativo hay que pasar a lo positivo y el reto es que el consumidor
pueda recompensar a empresas con objetivos sociales, protectoras
del medio ambiente y capaces de mejorar las condiciones de los
trabajadores del Tercer Mundo.
Entre los consumidores, hoy sólo
se plantean elegir con responsabilidad una pequeña minoría.
Todo movimiento de cambio comienza por unos pocos y nadie debe
creer que esto es algo sencillo. Es un movimiento que no ha hecho
más que iniciarse y que requiere como condición
previa a personas y dirigentes con principios sociales y morales
sólidos.
| Los nuevos sujetos económicos
que hacen posible el Comercio Justo
El Consumidor
Responsable:
Es consciente del poder de su consumo
para elegir determinados productos elaborados con dignidad
por productores asociados del Sur.
El Productor
Asociado:
Se une en cooperativas con un proyecto
solidario de economía social alternativa como medio
de transformación de la sociedad en los países
del Sur
El Mediador-facilitador
sin Animo de Lucro:
Contribuye a difundir en el Norte,
los productos y mercancías elaboradas por los productores
asociados sin ánimo de lucro y con intención
de favorecer el Comercio Justo.
|
Una familia o una persona productora de mercancías
poco puede hacer en la jungla del mercado.
La particularidad del Comercio Justo, como
decimos, es que nace del encuentro de estos tres nuevos sujetos:
productor asociado [Pa], mediador facilitador [Mf]
y consumidor responsable [Cr] y además del encuentro
entre el Norte y el Sur.
En las antiguas sociedades pre-capitalistas
los pequeños campesinos iban al burgo (centro urbano) y
vendían directamente en la plaza lo necesario para comprar
productos de necesidad, como herramientas, aperos u otras mercancías
que no podían producir en su aldea. El desarrollo del capitalismo
convirtió en una reliquia esta forma de comercio directo
(productor-consumidor), pero, territorial-mente, sólo ocurrió
así en las metrópolis y en particular en las zonas
más urbanizadas, donde se concentraba la naciente industria.
Hoy con la globalización se acaban
las fronteras nacionales y con el desarrollo de las comunicaciones
y el transporte es factible llegar a cualquier rincón del
mundo.
El Comercio Justo es un enfoque alternativo
al comercio convencional internacional. Es una asociación
de comercio que busca un desarrollo sostenible para l@s
productor@s excluid@s y desfavorecid@s. Busca proveer unas
mejores condiciones comerciales a través de campañas
y sensibilización
Definición consensuada por
las estructuras dirigentes del comercio justo europeo:
EFTA, NEWS, IFAT y FLO
|
Aunque el 70% del comercio mundial está
controlado por las multinacionales, es posible encontrar «nichos»
de mercado donde productores y consumidores se ponen de acuerdo
directamente. Uno de estos «nichos» es el Comercio
Justo.
Para llevar a cabo esta revolución
del mercado, esta revolución de los valores humanos y de
las relaciones justas y equitativas, ambos sujetos económicos
precisan, como decimos, de un tercero que los ponga en comunicación
y sea «facilitador» de ese encuentro.
El Comercio Justo es un movimiento
social integrado por productor@s, comerciantes y consumidor@s
que trabajan por un modelo más justo de intercambio
comercial, posibilitando el acceso de l@s productor@s más
desfavorecid@s al mercado y promoviendo el desarrollo sostenible.
[Comisión de Etica de la
Coordinadora de Organizaciones de Comercio Justo de España]
|
Este mediador-facilitador
no está motivado por el ánimo de lucro, común
al espíritu del comerciante, dispuesto a enriquecerse deprisa
y formar un patrimonio de capital personal a costa de los bajos
precios al productor, la especulación, el mercado negro,
el contrabando, la pérdida de calidad de los productos,
el engaño, el fraude, los vínculos con el poder
y los bajos salarios. Los nuevos mediadores-facilitadores
de ese encuentro feliz son entidades y ONGs que después
de años de experiencia en cooperación solidaria
han conocido paises empobrecidos tal cual son.
Entidades y ONGs que buscan un nuevo concepto
de bien común y renuncian al lucro, reclamando no más
ingresos que los necesarios para afrontar sus gastos, muchas veces
bajos pues tienen la ventaja de que sus miembros aportan trabajo
solidario y gratuito. Existe entre un 1 y un 5% de la población
dispuesta a este tipo de trabajos gratuitos, y pueden hacerlo
en sus ratos libres, porque consideran que ya ganan lo suficiente
o porque su condición de clase media sensible les mueve
a mejorar las condiciones de países empobrecidos y frenar
el ciclo de la pobreza.
Las primeras formas de Comercio Justo
Como es sabido el movimiento de Comercio Justo nació en
Europa, a raíz de la 1.ª Conferencia de la UNCTAD
(Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas) celebrada en Ginebra
en 1964. Entonces los países del Tercer Mundo, cuyos dirigentes
estrenaban nuevos Gobiernos nacionales como resultado de la lucha
por la descolonización, presionaron bajo el lema "Comercio,
No Ayuda", exigiendo a los países ricos de la metrópoli
que abrieran sus fronteras a los productos agrícolas del
llamado Tercer Mundo. Entonces, quien reclamó el libre
comercio fueron los pobres, pero los países ricos se negaron
a ello, al constatar que los bajos precios agrícolas del
Tercer Mundo podían ser tan competitivos en el comercio
mundial que se abría una vía indeseada y la metrópoli
podía perder sus mercados agrícolas en favor de
las nuevas naciones periféricas. Entonces (quién
lo diría) prefirieron optar por la estrategia de protegerse
con aranceles y negarles el libre mercado. Continuaron con las
ayudas al desarrollo para comprar a las élites de la periferia
en alza, facilitaron así el desarrollo de ejércitos,
la compra de armamento al primer mundo y establecimiento de bases
militares en el Sur con el pretexto también de la supuesta
amenaza comunista.
Pero, entretanto, en el corazón de Europa surgía
una fundación comercial de nuevo tipo que más tarde
se llamaría Comercio Alternativo o Comercio Justo. En efecto,
en 1969 se abre la primera tienda de comercio justo en Holanda
(Brenkelen) y dos años más tarde en este país
ya existen 120 tiendas. Esto fue posible gracias a que existía
un público sensibilizado hacia el llamado Tercer Mundo
y con cierto nivel de ingreso, que aceptó esta nueva forma
de hacer solidaridad y comenzó a comprar productos de países
empobrecidos con un sobreprecio.
Surgió así lo que ha venido a llamarse primera
generación de Comercio Justo, caracterizada por ser
las mismas Organizaciones de Comercio Justo las que asumen la
función comercial y ser los propietarios del capital (en
forma colectiva y asociada). Los productos importados por ellas
mismas se venden en puntos de venta donde se garantiza su procedencia
y se explica al consumidor cuales fueron los precios de compra
a los productores, así como todo lo que concierne al Comercio
Justo. Los puntos de venta son las llamadas Tiendas de la Solidaridad,
pero igualmente se distribuyen los productos a través de
colectivos y personas sensibles, Iglesias o Comités de
solidaridad, dispuestas a esta misión.
La función del "sobreprecio"
El sobreprecio es una condición
imprescindible para hacer posible el Comercio Justo. Desde
el principio de su nacimiento el sobreprecio acompaña
al Comercio Justo, y no puede ser de otra manera, pues no constituiría
novedad alguna si un supuesto «Mediador-facilitador»
comprara al «Productor-asociado» del Tercer Mundo
al mismo precio que rige en el mercado mundial. Estaríamos
hablando no de un «facilitador» sino de un
comerciante común. Estos bajos precios hunden a los pequeños
productores en el subdesarrollo y la pobreza.
Los precios de los productos, como el café, el cacao,
el azúcar, el ganado, el algodón, el arroz,
las especias y toda esa gama de los llamados «productos
de postre» que son exportados a los mercados de la metrópoli
a precios que no retribuyen el valor añadido del trabajo
invertido en la producción. Son productos ricos en valor-trabajo
(mucho valor añadido) que no se refleja en los bajos precios,
de manera que al comprarlos el intermediario obtiene una gran
cuota de valor no retribuido que, finalmente, al revenderlo le
reportará un alto margen de beneficio.
| El aspecto medular
del Comercio Justo consiste, pues, en que se paga al productor
asociado un sobreprecio que puede oscilar entre un 10 o
un 15% por encima del precio de mercado mundial. |
Su precio se formó históricamente con trabajo esclavo,
como sucedió en las plantaciones del azúcar, el
cacao y el café. Actualmente los comerciantes y grandes
compradores calculan el coste de producción de estos productos
sobre la base de unos costes salariales de un dólar por
jornada trabajada. Después mediante el mecanismo de los
precios, la especulación y otras mañas, los grandes
exportadores pueden presionar a la baja las Bolsas de Nueva York
y Londres, donde se establecen todos los días los precios
internacionales de estos productos.
El aspecto medular del Comercio Justo consiste,
pues, en que se paga al productor asociado un sobreprecio
que puede oscilar entre un 10 o un 15% por encima del precio de
mercado mundial. La ONG o la Organización de Comercio Justo
importadora paga ese sobreprecio para que el productor pueda obtener
algún ahorro suplementario y mejore sus condiciones de
vida. En este sobreprecio está pues el meollo de la cuestión.
Pero ¿cómo podrá la Organización de
Comercio Justo compensar ese sobrecosto sin trasladárselo
al consumidor?
Evidentemente para poder operar en este mercado
hace falta encontrar compradores al final de la cadena (consumidores
finales) dispuestos a pagar ese sobreprecio.
No es posible por desgracia que las Organizaciones
de Comercio Justo puedan absorber ese sobreprecio a costa de mermar
beneficios. En la fase actual, la pequeña dimensión
de las Organizaciones de Comercio Justo con grandes gastos en
sensibilización y mucha competencia impide tener excedentes
mayores. Y, cuando se tienen se invierten en mejorar la tienda
o en una campaña de denuncia, o en un proyecto de ayuda.
Por lo tanto, debe haber un número suficiente de consumidores
solidarios o consumidores responsables dispuestos a comprar con
sobreprecio y por lo general mayores del 10%. Esto es lo que se
llama «nicho de mercado».
El excedente final del 10k % se revierte a
los productores en forma de proyectos de desarrollo o campañas
a favor de unas relaciones más justas.
Los cálculos de gastos de una Tienda
o una Importadora son, por lo general, muy altos, ya que en los
comienzos las operaciones son muy reducidas, no existe experiencia
empresarial, hay que pagar un coste adicional por el simple hecho
del comienzo y los ingresos son escasos. Es el trabajo voluntario
o solidario el que salva la situación.
Los precios de mercado, por ejemplo del café, son ventajosos
cuando el café es de baja calidad, se vende en forma masiva,
hay experiencia de mercado acumulada durante décadas y
rige el principio de explotación de los máximos
rendimientos, como sucede con las marcas de mayor difusión.
Un buen tostador sabe bien que si no oferta bajos precios pierde
mercado y siempre tiene quebraderos de cabeza para mantener la
calidad y bajar el precio.
El sobreprecio, tanto positivo para el pequeño
productor asociado como negativo para el consumidro responsable,
es pues el aspecto diferenciador del Comercio Justo. Por lo tanto,
para que este Comercio Justo opere debe existir una franja de
consumidores sensibilizados dispuestos a pagar más (un
20% por lo general) por un producto de Comercio Justo.
Todo esto explica por qué los precios
de productos de Comercio Justo son más altos que los convencionales,
para el mismo tipo de producto.
Los consumidores que no conocen la función del sobreprecio
se quejan del mismo y argumentan con una lógica aplastante
¿cómo es posible que eliminando
intermediarios el producto sea más caro? ¿No
es acaso lógico que los productos que oferta el Comercio
Justo tengan también un «precio justo»? (y
entienden por tal un precio más bajo). A simple vista parece
que tienen razón, pero la realidad no siempre es revelada
en las apariencias. Efectivamente, nos encontramos ante el nacimiento
de un movimiento alternativo y estamos vendiendo productos de
valor superior al convencional. Esto sólo
lo pueden entender consumidores responsables, consumidores que
han superado la mentalidad consumista y que están dispuestos
a invertir una parte de sus ahorros en la solidaridad, con unos
resultados acumulativos, pues la «inversión»
va a representar la oportunidad de abrir un espacio económico
distributivo y superador de la pobreza. Por
eso el movimiento de Comercio Justo debe dar las máximas
garantías de fiabilidad, credibilidad y autenticidad.
El principio de "fidelización"
Hemos visto cómo el consumidor responsable
se convierte en el nuevo sujeto económico de la metrópoli
y cómo, al comprar con sobreprecio un producto de
Comercio Justo, provoca un efecto multiplicador sobre la economía
alternativa y popular del llamado Tercer Mundo.
A media que crece el
Comercio Justo los consumidores responsables compran habitualmente
confiando en los mediadores-facilitadores que les suministran
los productos. Estos consumidores se convierten en el sujeto
principal desde el punto de vista del mercado. Pero son los pequeños
productores quienes hacen el producto, los que lo crean
con su trabajo, quienes le dan la calidad adecuada, son quienes
están en contacto con el medio ambiente y la naturaleza,
son quienes están garantizando un cambio social en la relación
trabajo-capital. ¿De que valdría
dar un sobreprecio a un productor que persigue el
lucro, no cuida el medio ambiente ni la calidad del producto,
ni cambia las relaciones de explotación del trabajo?
El consumidor solidario se sentiría defraudado, y al preguntarse
¿qué estoy cambiando pagando más por lo mismo?
dejaría de comprar. Por otra parte, ¿de qué
serviría que el consumidor pagara un sobreprecio por un
producto supuestamente de Comercio Justo, si quien lo comercializa
lo emplea en su provecho personal? Igualmente sería un
fraude.
Ya hemos señalado que en los países ricos de centro
Europa existe entre un 2 y un 5% de consumidores dispuestos a
pagar un sobreprecio (entre el 15 y el 20%) por un producto de
Comercio Justo. Ese sector precisa verse alentado por la credibilidad
y la autenticidad del proyecto de Comercio Justo. Tiene que confiar
en las Organizaciones de Comercio Justo que se lo distribuyen.
Se trata de dos aspectos que deben ir coordinados: la credibilidad
del consumidor en la Organización de Comercio Justo y la
autenticidad de la Organización de cumplir en la práctica
lo que promete en sus mensajes.
A la medición o valoración del grado de coherencia
entre lo que se dice y lo que se hace (entre lo que la Organización
de Comercio Justo sostiene en sus mensajes de sensibilización
y lo que después hace en el mercado) lo llamamos fidelización.
La fidelización de un producto de Comercio Justo
consiste en que la Organización de Comercio Justo que lo
distribuye debe garantizar a los consumidores que «hace
lo que dice» y «cuenta la verdad de lo que hace».
No puede estar diciendo cosas bonitas de cara a la galería
y después operar de otra manera. No puede tampoco silenciar
lo que hace cuando va contra lo que dice que debe hacerse (criterios
de comercio justo). Ciertamente el cumplimiento del principio
de fidelización no se va a dar al 100%, porque nos
movemos en un mundo difícil pero la meta es alcanzar el
100% al menos en las cuestiones principales.
A nuestro entender encontramos por lo menos tres aspectos
básicos del Comercio Justo que deben garantizarse al
consumidor para poder cumplir con el principio de fidelización:
1. Que el productor asociado (cooperativa, comunidad,
etc.) recibe un sobreprecio que le permitirá
la mejora de sus condiciones de vida y asegurar su proyecto asociativo
(única vía que le queda para salir de la pobreza
y el subdesarrollo, como veremos en Nicaragua se llama Economía
Popular).
2. Que los excedentes obtenidos por la Organización
de Comercio Justo se invertirán en los aspectos señalados
en sus programas y campañas a favor de mejores precios
internacionales para productos del Tercer Mundo, proyectos de
desarrollo, mejora de las Tiendas, participación a los
productores etc., de manera que éstos puedan escalar posiciones
en el control del mercado, etc.
3. Que no se cierre el paso a los productores en su estrategia
de control del mercado de sus propios productos. Las Organizaciones
de Comercio Justo debemos cumplir al menos estos puntos con
un nivel del 100% de coherencia. El consumidor confía
en que es así y cuando no confía deja de comprar,
pues el esfuerzo que representa entregar un sobreprecio
no le merece la pena. Invertirá su solidaridad en otra
parte. ¿Cuándo decide el consumidor solidario
que debe dejar de comprar tal o cual producto de Comercio Justo?
Muy posiblemente toma esa decisión cuando falla el principio
de fidelización. La Organización de Comercio
Justo deberá mantener una comunicación muy directa
con el consumidor y lo más acertado es hacerlo a través
de las ventas. Por otra parte, los facilitadores vemos necesario
promover el contacto directo entre los productores asociados
[Pa] y los consumidores responsables [Cr].
La segunda generación de Comercio
Justo: Los "sellos de garantía" y sus riesgos
Las organizaciones europeas de comercio justo intentan garantizar
la procedencia, la calidad del producto y el respeto a la naturaleza
en la elaboración a través de las marcas de comercio
justo: son los llamados "sellos de garantía". En Europa
existen tres marcas con larga tradición y un amplio mercado:
Max Havelaar, TransFair, y Fair Trade Mark, que comercializan
café, cacao, chocolate, miel, azúcar y té
con sello de garantía. Para certificar esta garantía
, tanto los productos como los grupos productores y las organizaciones
importadoras y distribuidoras son sometidos a estrictas auditorias
de control.
Encontramos dos riesgos en el movimiento de Comercio Justo europeo
relacionados con lo anterior:
Que el consumidor responsable se vuelva pasivo, se desmovilice
y se limite a comprar productos que llevan una etiqueta o sello
de garantía de comercio justo.
Que las organizaciones de comercio justo renuncien
a hacer la comercialización dejando esta función
a empresas del sector lucrativo que se legitiman como tales
al comprar un sello de garantía de Comercio Justo. Esto
merece un análisis aparte por su gravedad.
De momento simplemente decir que si las empresas del sector lucrativo
se meten en el Comercio Justo, el principio de fidelización
se pone en crisis total porque ya no podremos garantizar los criterios
y principios que habíamos aprobado. En efecto:
El excedente que podría destinarse a proyectos de
desarrollo o a mejorar aún más las condiciones
de vida de los productores asociados va a parar a la empresa
comercializadora, recompensando así el principio de la
obtención de lucro
Una vez que la empresa lucrativa capta el mercado
de consumidores solidarios, desaparecen los «facilitadores»,
se cierra el paso a los productores a participar en el Comercio
Justo.
Por último se desactiva al consumidor responsable.
Es una verdadera integración sistémica (o desintegración
si lo miramos desde el punto de vista de la organización
del movimiento). Desilusiona y frustra a las esperanzas de un
mundo más justo.
A la generalización de venta de sellos de garantía
se le ha llamado segunda generación del Comercio Justo.
Por desgracia, en Europa ha prosperado la venta de sellos de
garantía a empresas del sector lucrativo. Ha incrementado
el número de consumidores como consecuencia de las campañas
de sensibilización, especialmente en la televisión
cuyos altos costes son financiados por estas empresas lucrativas.
El efecto más negativo, repetimos, es que la comercialización
queda en manos del capital privado, se cierra el paso a los Productores
Asociados en el camino de controlar ellos mismos el mercado de
sus productos.
No olvidemos que todas las Organizaciones de Comercio Justo han
dejado patente que el Comercio Justo representa un cambio de las
estructuras comerciales. Así, en el preámbulo del
Catálogo de Criterios de la Coordinadora se dice: "se
trata de superar el concepto de ayuda al desarrollo mediante la
realización de prácticas comerciales equitativas.
Sin embargo, somos conscientes de que, incluso, ambas no bastan.
Para una distribución más justa de ingresos y trabajo
entre el Norte y el Sur, deben cambiar las estructuras del comercio
internacional".
Otro aspecto negativo: los productores no podrán dirigirse
ya directamente a los consumidores y se pierde este vínculo
tan decisivo. La función del mediador facilitador [Mf]
también desaparece y las Organizaciones de Comercio Justo
se limitan a dar mensajes retóricos y realizar el marketing
sin control alguno del mercado. Estas organizaciones se ven arrastradas
a una dinámica incontrolada donde tienen que invertir más
y más en «sensibilización» para mantener
los porcentajes de compradores, pero éstos van percibiendo
que falla el principio de fidelización. Al final es más
de lo mismo y sólo son distintas las palabras, pero no
la praxis comercial. Falla la coherencia y los grupos de
consumidores más responsables se desenganchan. La cuota
de compradores se amplía por los sectores menos avanzados,
menos conscientes. Pero pronto estos sectores se verán
igualmente defraudados cuando ganen en conciencia responsable.
Es un camino sin retorno. Es el declive del movimiento que acentuará
el escepticismo y el pesimismo en lo más sano de la sociedad.
En la figura 3, se recoge gráficamente las consecuencias:
las empresas se apropian del excedente que viene a pagar el consumidor
responsable y al productor se le cierra el proceso de participar
en la comercialización. El divorcio entre capital mercantil
y capital productivo, característico del modelo de acumulación
capitalista se consuma. Volvemos al subdesarrollo y a la pobreza.
| Figura 3: La mercantilización
del "sello de garantía" |
El diferencial o excedente final entre el precio de venta al
consumidor y el precio de compra al productor se pierde para la
solidaridad, ingresa en la acumulación privada y el consumidor
responsable se desactiva.
Una vez que el «mediador-lucrativo» [Ml] consolide
su posición, la presión de la competencia se encargara
de ir desmoronando y disolviendo el Comercio Justo, reduciéndolo
a mera retórica de marketing, frustrando al sector más
consciente de los consumidores responsables y dejando inerme al
resto. No podemos ignorar la aportación decisiva que han
tenido las más importantes organizaciones distribuidoras
del sello de garantía de Comercio Justo y valorar el esfuerzo
realizado en apoyo de los productores. Pero consideramos que este
modelo de segunda generación de Comercio Justo no puede
ser aplicado en España sin unas restricciones. No se debe
ir deprisa en esto y no debemos caer en la simple repetición
del modelo aplicado en Europa, sin analizarlo más detenidamente.
Nosotros proponemos las limitaciones necesarias para asegurar,
al consumidor responsable, el principio de fidelización
del proceso.
No estamos, por lo tanto, en contra de la aparición de
sellos de garantía, sino de que éstos sean «vendidos»
a empresas lucrativas. Estos sellos de garantía resultan
necesarios a medida que aumenta el nicho de consumidores responsables,
pues se requiere llegar a los consumidores y consumidoras con
símbolos, pero símbolos no mercantilizables. La
solución más adecuada sería que los sellos
de garantía sean emitidos única y exclusivamente
por Organizaciones de Comercio Justo fiables y conocidas públicamente,
o por la Coordinadora de Comercio Justo, pero siempre para uso
de las organizaciones miembros.
Deben ser sellos de garantía que no se «vendan»
no se «mercantilicen», sino que sirvan para mantener
la fidelidad de los productos y de los procesos y se salvaguarden
por lo menos las tres condiciones señaladas anteriormente.
Hacia la tercera generación de
Comercio Justo
La figura 4 recoge gráficamente el proceso que
se seguiría, si persistimos en continuar comercializando
productos de COMERCIO JUSTO sin caer en la venta de sellos de
garantía de Comercio Justo a empresas lucrativas y buscando
una solución alternativa de administración del sello.
Figura 4: Tercera generación de Comercio Justo
|
Los productores pasan a participar en la comercialización.
El proyecto asociativo se amplia a los mediadores y los productores
pasan a compartir el control del mercado. El consumidor responsable
se activa y todos participan en el proyecto de ECONOMIA
POPULAR.
En lugar de desviar el modelo de primera generación hacia
la patrimonialización del excedente del 10% solidario por
las empresas lucrativas, y sustituir el mediador-facilitador [Mf]
por el mediador-lucrativo [Ml],
la solución sería caminar al encuentro de los productores
asociados [Pa] coordinando las estrategias de mercado con ellos
(cooperativas o cualquier forma de asociatividad que sería
favorecida), dándoles la posibilidad de entrar como socios
en las empresas de Comercio Justo, compartiendo el capital con
las organizaciones comercializadoras, compartiendo la función
facilitadora [Mf] y creando una asociación más amplia
entre Productores y Mediadores. De esta manera no sólo
el 10% de diferencial va al desarrollo, sino que la misma empresa
comercializadora, su capital y patrimonio se funde con el capital
de los pequeños productores, que abren así un espacio
en la metrópoli.
Es cierto que caminar en este sentido requiere haber tomado una
opción por el campesinado del Tercer Mundo, y eso asusta.
Pero cuando ese campesinado ha logrado diseñar un proyecto
asociativo y autogestionario, cuando cuenta con facilitadores
en el Sur y en el Norte, cuando demuestra que es alternativa al
comercio injusto, entonces la opción es más factible.
Si se llega a compartir el proyecto asociativo y autogestionario
entre los sujetos, productor asociado [Pa], mediador-facilitador
[Mf] y consumidor responsable [Cr], entonces cada uno se fortalece
en el otro y con el otro, volviéndose actores de una nueva
cultura global. Las capacidades del consumidor responsable [Cr]
se activarán, pues su responsabilidad tiene un respaldo,
tiene una opción y una elección para transformar
la realidad injusta.
La resolución de la pobreza sólo puede venir de
los mismos sujetos que la padecemos (pobreza material en el Sur
y pobreza moral y espiritual en el Norte). El problema está
en el control del mercado, pues desde ese control se accede a
los medios de comunicación, se accede a los excedentes
de valor añadido por el trabajador.
La solidaridad del Norte con el Sur igualmente se moviliza a
través del consumo responsable que le permite suprimir
la escisión entre producción y consumo. Las organizaciones
facilitadoras asisten a los productores en su estrategia de mercado
y éstos pueden a su vez recuperar los excedentes porque
son dueños de una parte del capital de la empresa comercializadora.
Evidentemente es un camino que precisa regulación, concentración
de fuerzas y tiempo. Pero ¿qué otra opción
le queda al productor cuando los estados han perdido su función
asistencial? Evidentemente no estamos hablando de un espacio total,
sino de un ámbito limitado, pero culturalmente identificado,
que habría comenzado a ser ejemplo de supresión
del abismo Norte-Sur.
Algunas conclusiones
Para entender el Comercio Justo partimos de un análisis
tanto positivo como crítico de la situación que
rodea al contexto de su nacimiento: los años 60 en la Europa
central superdesarrollada y rica, donde los movimientos sociales
alternativos, con sus virtudes y limitaciones, aparecen en escena.
Preocupación solidaria con el Tercer Mundo en ascenso en
los años de descolonización y auge de los movimientos
de liberación nacional. El papel nuevo de las Iglesias
en la sociedad civil a través de organizaciones laicas,
el movimiento de mayo de 86, etc. Una visión todavía
eurocéntrica del mundo pero también abierta y crítica
del orden existente. Unos nuevos sujetos, los consumidores con
causa..., etc. No puede olvidarse que todavía no ha entrado
en la escena, con la suficiente fuerza, el movimiento cooperativo
en del Tercer Mundo, pero ya despunta.
A finales de los años 70, una nueva forma de entender
el Comercio Justo, que vino a llamarse segunda generación
del movimiento con la venta de sellos de garantía de Comercio
Justo que se aplica principalmente al café, su producto
estrella. Crecimiento de las campañas de sensibilización
y ampliación del «nicho» de mercado que lo
vuelve atractivo para el comercio lucrativo. Nuevas contradicciones
en el modelo de crecimiento del Comercio Justo con la progresiva
liberalización de los mercados y la entrada en este movimiento
de sectores mercantilistas.
En el Estado Español surge el Comercio Justo con 20 años
de retraso y con una superior carga ideológica. América
Latina es la contraparte proveedora. Tiene autonomía propia
y originalmente no se calca del modelo europeo, aunque hoy ya
existen tendencias fuertes a la homologación. La disponibilidad
de capital para asentar las organizaciones no es tan abundante.
El ritmo es más lento y su perfil marcadamente crítico.
No entiende bien eso de los sellos de garantía. Ya se advierte
el interés de empresas mercantiles capitalistas, en el
marketing del Comercio Justo.
Este trabajo trata de entender el Comercio Justo desde los nuevos
sujetos económicos, considerados como una relación
integral que determina una nueva economía. El prototipo
de consumidor responsable es el más conocido y analizado.
El productor asociado bastante desconocido, y el papel de la mediación
sin ánimo de lucro carece de proyección todavía.
Estamos en el momento donde podemos definir a los tres sujetos.
Ya existen. El movimiento se asegura con los tres, que constituyen
una nueva estructura económica. Si falla uno de los tres
la estructura se rompe, y el sistema no funciona.
La gran novedad está en los pequeños productores
del Sur. En los 90 dejan de ser virtuales. Nicaragua ofrece un
panorama de avanzadilla y elaboración. Surge allí
un proyecto asociativo y autogestionario y eso contagia a la solidaridad.
En el Norte surge también la posibilidad de teorizar sobre
la práctica del mediador que facilita la comercialización.
Ésta debe estar controlada por los mismos pequeños
productores. Estamos en los comienzos. Proponemos entender el
Comercio Justo no sólo por los miembros de las Organización
de Comercio Justo, sino también por los consumidores de
productos de Comercio Justo.
Ya se ha logrado un avance importante con la vinculación
entre comercio y consumo, entre la Organización de Comercio
Justo y el consumidor responsable. Falta ampliar este vínculo
a los productores alternativos, con los que se cuenta todavía
muy poco.
El Comercio Justo implica a esos tres nuevos sujetos económicos
y la misión de las Organizaciones de Comercio Justo debe
limitarse a ser facilitadora. En el movimiento de Comercio Justo
hay que distinguir entre Tiendas e Importadoras. Las dos funciones
son imprescindibles. La Tienda o el grupo de distribución
se pone en contacto con el consumidor y actúa como agente
de los productores y de los consumidores: es un facilitador de
primer orden que emplea la sensibilización como un poderoso
medio de conciencia. La tienda compra el producto a la Organización
de Comercio Justo importadora, lo procesa, lo transforma y lo
comercializa.
La primera generación de Comercio Justo avanza sin duda
hacia formas de integración y siempre hacia un control
del mercado, proceso que se quiebra cuando una empresa no facilitadora
entra en ese mercado de Comercio Justo. La degeneración
del movimiento consistiría en que las mismas Organizaciones
de Comercio Justo se convirtieran en «facilitadoras»
de la empresa privada, de la empresa lucrativa, cuya misión
no es la solidaridad a través del comercio. Sin embargo,
esas empresas lucrativas sí serían útiles
al Comercio Justo vendiendo sus servicios a las Organizaciones
de Comercio Justo que lo demanden. Si existe voluntad de ayuda
pueden ofrecer cobertura y asesoría. Cabe, pues, un papel
en el Comercio Justo para la empresa privada lucrativa en tramos
no estratégicos del ciclo económico.
La distinción entre una economía y otra es clara:
se mide por el papel que se concede al trabajo asalariado y por
el proyecto político de cambio social que la acompaña.
Los consumidores han irrumpido en la escena, pero su fuerza será
anulada si no disponen de opciones para comprar beneficiando al
productor del Tercer Mundo y cambiando las reglas dominantes del
mercado: la búsqueda del lucro.
Pero, ¿acaso es posible caminar hacia lo que hemos llamado
tercera generación del Comercio Justo o control del mercado
por los productores asociados, de sus propios productos? Claro
que estamos hablando del control de los propios productos, no
de otros. Determinadas experiencias están demostrando que
eso es posible.
| El Comercio Justo es un movimiento
de esperanza y de futuro, pero no será alternativo
si se integra en el sistema de economía, de mercado
y si esto sucede quedará reducido a mera retórica. |
Este riesgo acecha también a la misma cooperación
al desarrollo, donde algunas instancias y ONGDs han optado por
compartir el mensaje solidario con empresas lucrativas, como ocurre
con Fortuna (campaña 0,7%), Trinaranjus y alguna marca
de lácteos, por citar unas pocas. La mercantilización
de la solidaridad destruye la solidaridad, porque se trata de
un valor no mercantil, de un valor moral que no puede cambiarse
por dinero o ser instrumento de negocio.
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