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Migraciones y personas refugiadas
Alberto Martínez
Desde los orígenes de la Humanidad las personas han sentido el deseo de descubrir nuevos espacios para desarrollarse como seres humanos, para interrelacionarse con los demás, para mejorar su calidad de vida. Detrás de cada inmigrante hay una historia de rebeldía, de hambre física o espiritual, una historia de dudas y valentía, de esperanza escrita en mil idiomas. Por eso, la inmigración es un hecho intrínseco a la humanidad y está relacionada con la búsqueda de la identidad, de la supervivencia, de la felicidad.
Nosotros y nosotras, como integrantes, de una de las sociedades receptoras recién llegadas a esta fase del devenir histórico, necesitamos un conocimiento más profundo acerca de un fenómeno que ya no nos es extraño: la inmigración. Y lo necesitamos porque la afluencia de gentes de otras culturas y su asentamiento entre nosotros nos deja perplejos por las diferentes maneras en que influyen en nuestra cotidianidad.
Esta desorientación, fruto de una insuficiente formación, incide incluso entre los sectores más supuestamente sensibles de la sociedad. Y este alto grado de indefinición se debe, no sólo a la falta de formación ya apuntada, sino también a la presencia física entre nosotros y nosotras de la persona inmigrante que, proveniente del Sur, antes era vista "a distancia", como pueblo exótico o como contraparte o beneficiaria de proyectos de asistencia. Pero esa persona nos interpela ahora con su presencia y sus vivencias, con su modo de enfrentar la nueva situación. Y es que, en efecto, cualquier persona que decide emigrar lo hace de manera violenta, enfrentándose a la ansiedad y a la incertidumbre. Se debate entre la necesidad de desenvolverse en otra cultura y los sentimientos de defensa psicológica del contexto de su cultura, de aquello que estima y conoce. Así, estas personas cultivan la idea del "retorno" y mientras, -en una sociedad que en muchas ocasiones los rechaza y que en definitiva sólo los soporta- recrean sus propias estructuras sociales con sus propias normas y conductas, viviendo paralelamente a la sociedad receptora, no mezclándose con ella más de lo necesario.
Ante esta situación, ante la "mirada del otro", sólo aprendiendo a interrelacionarse con el otro desde nuestra propia especificidad, respetando su espacio, acercándose a sus vivencias, escuchando y comportiendo, es como se podrán construir formas de convivencia.
No obstante, lo cierto es que no existe un modelo único ni perfecto aplicable a las relaciones sociales derivadas de la inmigración. Conceptos como multiculturalidad, plurietnicidad, interculturalidad..., de momento son sólo palabras, suponen más un propósito que una realidad, más teoría que práctica intercultural. Nuestra sociedad comienza a manejar estos conceptos pero, a menudo, sólo desde una óptica de lo "políticamente correcto", no desde una interiorización consciente.
Por ello, sólo mediante el intercambio, el respeto mutuo y el sincero interés por aprender y ayudar por parte de todos los protagonistas de esta realidad, se podrán evitar los estereotipos, las tensiones, los rechazos y la incomprensión que nos rodean continuamente.
A LA BÚSQUEDA DE REFUGIO
El entramado jurídico internacional que, en materia de protección al refugio y al
asilo, se construyó desde los años 20, está siendo erosionado por unas legislaciones cada vez más restrictivas y fuera de todo control que no sea el gubernamental.
Las políticas de asilo y refugio ya no se consideran políticas con entidad propia, sino que forman parte de la política de control de la inmigración. Son resultado del conflicto Norte-Sur, y el Norte emplea su continuo recorte como un arma para que sus posibles beneficiarios entren en la categoría de "refugiados económicos" y por tanto en la "inmigración ilegal".
Los gobiernos europeos han venido aplicando una verdadera contrarreforma legislativa y jurídica en los asuntos de refugio y asilo, para vaciarlos de todo contenido humanitarios. Así se viene avanzando en asuntos tales como:
· Avanzar en la exigencia de visas a fin de impedir la obtención de asilo en la "Europa sin fronteras".
· Implantación de procedimientos extraordinarios de rápida resolución de "inadmisión a trámite de demandantes de asilo".
· Establecer de forma abusiva criterios discrecionales para la resolución de solicitudes de asilo que se consideran "abusivas" o "fraudulentas".
· Acabar con el asunto de los "refugiados en órbita" o en busca de un país de asilo, a través de la regla de que sea un único país el que examine la demanda de asilo o la inadmisión a trámite.
· Considerar a los desplazados por violencia o guerra no como refugiados sino como, en el mejor de los casos, "protegidos temporales", como los conflictos yugoslavos han demostrado.
· Transferir a las compañías aéreas y de transporte, una función de "autoridad estatal" en el control de las fronteras.
De esta forma, el derecho a la libre circulación de personas, piedra angular del espacio europeo de libertad y democracia, se transforma en una farsa de conveniencias. Así, el derecho de asilo es acordado a partir de prejuicios ideológicos o en función de nacionalidades preferentes.
Por otro lado, la impotencia e incapacidad de la Unión Europea para llevar a cabo una política exterior común preventiva y eficaz frente a los conflictos bélicos y a las catástrofes humanitarias, contribuye al incremento de los flujos de refugiados, como ha sido el caso de diversos países en Africa, en Bosnia, en Kosovo, en Kurdistán... .
MOVIMIENTOS MIGRATORIOS
En el Norte se llama de esta manera al conjunto de países desarrollados que han conseguido un alto nivel de desarrollo económico. Son más de 25 países, entre los que se encuentran Estados Unidos, Canadá, Europa occidental, Japón, Australia, Nueva Zelanda, etc. La mayoría de la población de estos países, tiene las necesidades básicas cubiertas, aunque las desigualdades son manifiestas y tienden a agrandarse cada vez más. En ellos vive aproximadamente ¼ de la población total del mundo, y concentra el 85% de la riqueza mundial. El desarrollo económico de estos países no fue, ni es ni sería posible sin el expolio sistemático a que ha sometido y somete a los países del Sur.
El Sur está ntegrado por el resto de los países del mundo, en los que viven las ¾ partes de la humanidad, con sólo un 15% de la riqueza mundial. Países con diversos grados de subdesarrollo entre ellos. Las características comunes a la mayoría de ellos son:
· Haber estado colonizados por países del Norte hasta hace relativamente poco tiempo, en la memoria histórica. Después de conseguidas sus independencias, siguen sujetos a lo países del Norte.
· Sus economías están distorsionadas, obedecen a los intereses del comercio internacional en manos del Norte, no tienen poder político a nivel mundial, soportan el peso de una deuda externa injusta y abusiva.
· Casi todos ellos tienen importantes masas de su población (la mayoría en todos ellos) que no tienen resueltas sus necesidades básicas.
¿De dónde vienen?
Los principales colectivos que forman la inmigración, según sus zonas de procedencia son:
MAGREB. Especialmente Marruecos.
ÁFRICA SUBSAHARIANA. Principalmente, Gambia, Senegal, Guinea Bissau, Angola, Guinea Ecuatorial,
AMÉRICA LATINA. Bastante repartido, con especial presencia de Perú, Ecuador, Brasil y Colombia.
¿Dónde se asientan?
Los principales asentamientos de inmigrantes se concentran en Madrid, Barcelona, zona mediterránea (Valencia, Murcia) y Andalucía. El resto de los asentamientos se reparten de forma desigual, en las dos Castillas, Aragón y Zona Norte, concentrándose en los grandes núcleos de población. En la Zona Norte se ha pasado de una situación de tránsito, a otra de permanencia.
ESPAÑA: DE LA EMIGRACIÓN A LA INMIGRACIÓN
En el Estado español, ya en los años 60 se produce una emigración masiva, cuando como consecuencia de la concentración del capital financiero en Madrid, Barcelona y Bilbao, los habitantes de las zonas rurales del país se vieron obligados a abandonar sus pueblos. En las zonas de acogida, fueron conocidos despectivamente, como "paletos", "coreanos", "maketos", "charnegos"... . E igualmente fueron tachados de vagos, inútiles, sucios y atrasados. Si en un barrio algunos vecinos abandonaban sus viviendas para retornar a sus respectivos pueblos, en donde el coste de la vida era menor, y esas viviendas eran habitadas por inmigrantes andaluces, extremeños o gallegos, la población receptora les achacaba el deterioro del barrio a ellos y no a la crisis social y económica que forzó a los antiguos residentes a abandonar la localidad. Igualmente, en algunzas zonas como el País Vasco, se achacaba a los inmigrantes ser parte de un plan de "etnocidio" planeado por la dictadura franquista para convertir a los vascos en minoría en su propia tierra, y así, acabar con su especificidad.
Igualmente, como hoy, se responsabilizaba a la población inmigrante de sus desgracias; se atribuían los desequilibrios económicos de sus zonas de origen a su supuesta falta de capacidad intelectual, a taras de una pretendida "sub-raza", a su falta de entrega al trabajo. Nadie pareció pensar que la concentración industrial en Madrid, Barcelona y Bilbao fue posible, entre otros factores, gracias a las desviaciones de las plusvalías producidas en las zonas rurales. La miseria del campo alimentaba la prosperidad de zonas industriales y del mundo urbano, en general.
Después, en el período de expansión europea (años 60 y mediados de los 70), más de dos millones de españoles emigraron en busca de trabajo. Las estaciones se llenaron de "maletas de cartón" en busca de una vida más digna. Emigraron a Francia, Bélgica, Suiza, Alemania... y también a México, Venezuela, Argentina, Perú, Colombia, etc. Esos millones de españoles que tenían que buscar fuera el sustento que se les negaba en su suelo, desmentían la mentira del "pleno empleo" tan propagada por el régimen franquista.
Y como antes, quizás habían hecho ellos, los españoles fueron tratados en Europa como "sub-raza", no así, en América Latina, donde al menos se les dió la oportunidad de demostrar su valía. Aún hoy, el número de españoles que se encuentran fuera de nuestras fronteras cuadruplica al número de inmigrantes que residen en el Estado español.
INMIGRANTES ENTRE NOSOTROS Y NOSOTRAS
Las migraciones constituyen un rasgo estructural del sistema económico neoliberal. Son consecuencia del desarrollo desigual de las fuerzas productivas y de un sistema injusto de relaciones económicas internacionales. En el actual proceso de globalización, los movimientos migratorios originados por las guerras, la injusticia social y el desigual reparto de la riqueza, seguirán produciéndose, añadiendo nuevos rasgos al paisaje étnico, cultural y religioso de la Unión Europea y acentuando la composición plural de sus áreas urbanas más importantes.
Las migraciones, además suponen otra nueva forma del expolio al que los países del Norte someten a los del sur. Por ejemplo, según la organización ASTI:
"En África, miles de personas capacitadas: ingenieros, médicos, científicos, maestros, técnicos, se marchan a otros países más ricos donde creen que pueden emplear sus cualificaciones y ser mejor remunerados (...). En Ghana, el 60% de los médicos que estudiaron a comienzos de los 80, viven hoy en el exterior, situación que plantea una escasez crítica en el servicio de salud del país. (...) Se calcula que en los últimos 15 años, Africa ha perdido a más de 60.000 administradores de nivel alto y medio."
"Esta emigración supone la pérdida de personas cualificadas y reduce la capacidad de educar y entrenar a una nueva generación de profesionales, así como obliga a importar cada vez más expertos extranjeros, tremendamente costosos. En la actualidad hay más de 30.000, más que en la época de la colonización."
Según textos de "L ´Usine Nouvelle", un semanario de la patronal francesa, ya se decía a finales de los 70, lo siguiente:
"La inmigración es un medio de crear una cierta distensión en el mercado de trabajo y de resistir a la presión de las reivindicaciones sociales de los trabajadores europeos (...) La misma inmigración ilegal es útil, ya que es indispensable para determinados sectores que de lo contrario, verían mermada su competitividad (...) La presencia de esta inmigración imprime agilidad a nuestra economía, al tratarse de gente sin estabilidad, dispuestos a cambiar de ocupación, de región y, si llega el caso, a convertirse en parados indemnizados. La inmigración también es útil en la medida en que permite a nuestro país economizar una parte de los gastos de capacitación (que corren a cargo del país de origen) y regular mejor las cargas de la nación: por su juventud, los inmigrantes, con frecuencia, hacen mayores aportaciones en concepto de cotizaciones de lo que reciben por vía de prestaciones (...)"
Los textos son tan expresivos que no necesitan ningún comentario, pero sí una profunda reflexión sobre dónde están las verdaderas causas y los verdaderos responsables de la percepción negativa que algunos sectores de la población tienen sobre el fenómeno migratorio.
Por todo ello, las migraciones en Europa han cobrado una importancia política de primer orden, al constituir un foco de contestación al régimen del "pensamiento único" y una fuente de "desligitimación moral" de los gobiernos europeos.
CAUSAS DE LAS MIGRACIONES
A pesar de toda la propaganda en contrario, cuando se habla de relaciones Norte-Sur, hay que insistir en que el "subdesarrollo" del Sur, no es un estadio anterior al "desarrollo" del Norte, sino que es la condición indispensable para que el actual modelo económico que sólo beneficia al Norte, pueda seguir creciendo.
El modelo económico neoliberal imperante produce y reproduce la desigualdad social, sin la cual no podría sobrevivir. Solo puede crecer a costa de aumentar cada vez más las distancias entre quienes poseen y disfrutan de bienes y servicios y quienes carecen de los mismos. Aunque con distintos grados, la población residente en los países del Norte (que suponen el 25% del total) consume el 75% de los productos alimentarios y utilizan el 75% de la energia disponible en el planeta. Esta alarmante desigualdad en vez de disminuir, continúa en aumento: cada vez menos disfrutan de más recursos en detrimento de los que cada vez más carecen de bienes y servicios esenciales.
Los países del Norte utilizan a su favor los organismos financieros internacionales y la deuda externa, como elementos de expolio y dominio. Cuando se habla de "ayuda al desarrollo" no hay que olvidar que ésta es inferior a los lucros obtenidos por la venta de armas, y que la Unión Europea ha recibido en concepto de pago de la deuda externa más de cinco veces el Plan Marshall que levantó la economía europea.
Además, el capital transnacional, verdadero dueño de la política en el Norte, a quien sirven los políticos, ha convertido el mundo en "su mercado", decidiendo quien entra dentro del comercio internacional y en qué condiciones. Estas empresas, dueñas de la economía mundial, imponen al Sur lo que deben producir y el precio a pagar por ello.
Pero las mismas fronteras que permiten la circulación de estos capitales y bienes del Sur al Norte, cierran el paso a quienes, víctimas de este expolio, se ven obligadas a emigrar para intentar sobrevivir.
EUROPA COMO FORTALEZA
Desde la aprobación, en 1985, de la Ley Orgánica de Derechos y Libertades de los Extranjeros en España, más conocida como Ley de Extranjería, la política española, en materia de inmigración, ha destacado por su carácter represivo, constituyendo uno de los más esforzados pilares de los Acuerdos de Schengen. Contrariamente a lo que enuncia su título, nos hemos encontrado con una normativa de "orden público", que imposibilita, en la práctica, el desarrollo de políticas de integración, convivencia e igualdad entre las diferentes comunidades.
La aplicación de la Ley y sus Reglamentos (aún más restrictivos), a lo largo de los años, ha puesto en evidencia sus efectos perniciosos: inseguridad jurídica de los inmigrantes, obstaculización a la reagrupación familiar, explotación y abusos en lo laboral, marginación, etc.
Las autoridades, en toda Europa, someten a las personas inmigrantes a un trato vejatorio que hace pensar que los derechos humanos no son para todos. Los inmigrantes no son considerados como personas por la ley, sino como mano de obra barata al servicio, sobre todo, de la economía sumergida, que en torno al 30%, representa un elemento estructural del sistema económico. Y no olvidemos que no habría trabajadores clandestinos si no existiera empleo clandestino; no existiría empleo clandestino si no hubiera patronos dispuestos a emplear y buscar esta mano de obra, y si no hubiera consumidores dispuestos a adquirir los productos de este trabajo.
La extrema pobreza de estas personas interpela profundamente nuestro supuesto talante democrático. En efecto, la política socioeconómica seguida en nuetro país, que no tuvo nunca en cuenta el coste humano y social que en su tiempo, supuso el recurso a las migraciones de muchos de sus habitantes, ha instaurado, actualmente, un proceso de explotación, marginación y exclusión social de los inmigrantes procedentes de países del Sur. Interroguémonos, pues, sobre las supuestas calidades de un sistema económico que produce tanta marginación social, entre nacionales y extranjeros.
RACISMO SOCIAL Y MUJER INMIGRANTE
Sin duda, el racismo de estado que impregna toda la Ley de Extranjería, transmite a la ciudadanía un mensaje favorecedor del racismo social. La ley lanza mensajes presentando a los inmigrantes, bien como un problema de "inseguridad ciudadana", bien como una "competencia desleal" en la lucha por el escaso empleo existente.
En estas condiciones, por parte de una opinión pública desinformada y que hace dejación de sus responsabilidades, surgen cada vez más repetidos brotes de racismo y xenofobia, que ya existían como un sedimento en nuestra sociedad.
Nos cuentan historias de un mundo que se convirtió en una aldea global, gracias a la tecnología y a imperativos económicos. Y no obstante, racismo es exclusión, es la negación del otro, de todos los otros. El racismo es una actitud, tiene que ver con nuestras referencias, con nuestros valores (o la falta de ellos), con nuestras formas de encarar las diferencias, las interinfluencias culturales. Es nuestra actitud de cara al otro, al diferente, al poco conocido.
La agresividad y la violencia racistas son el punto extremo de una actitud, de un desconfiado recelo, que es cotidiano. Y que también se manifiesta en la prensa, en los espacios lúdicos, en el deporte, en la escuela, en el barrio.
El racismo también es economía, como hemos visto. En la feroz competencia que el liberalismo cotidiano impone, los perdedores son mayoría, y es fácil acusar, estimular odios, evitar la creación de lazos de solidaridad entre los marginalizados. La vieja historia de dividir para reinar mantiene su actualidad.
Quines utilizan expresiones del tipo: "yo no tengo nada contra los moros, pero mejor que se queden en su casa", o quienes sostienen que la cultura de los inmigrantes ha de adaptarse e integrarse en la cultura de la sociedad de acogida, aunque no sean conscientes de ello, tienen una concepción racista de las relaciones humanas.
Tanto quienes abogan por la marginalización de las personas inmigrantes, como quienes apuestan por que sea la cultura inmigrante la que se adapte a la cultura receptora, tienen una imagen de las culturas como entes autónomos cerrados y finalizados
El racismo, constituye un reto a la identidad humana de nuestras sociedades. De la forma en como afrontemos el racismo, dependerá el nivel de dignidad e indignidad con que estemos dispuestos a convivir.
Y si el racismo es el "primer diálogo de contacto" de los inmigrantes, lo es mucho más para la mujer inmigrante, oprimida como inmigrante y como mujer. Sobre todo en el caso de mujer negra o con rasgos étnicos diferenciados. Como dice la brasileña Angela da Silva:
"España es uno de los muchos países que intenta vender una imagen de "democracia racial", que en la práctica no se puede sostener. Aquí, los negros y las mujeres negras sufren diariamente las consecuencias del racismo, tanto a la hora de buscar trabajo como en la convivencia diaria (...) Hay además una tendencia a tratar a la mujer negra como si fuese invisible (...) Sentarse en un bar y no ser atendida porque no te ven. Sin embargo, sí que te pueden ver y mucho, cuando entras en grandes almacenes o supermercados y la dependienta te vigila desde la entrada hasta la salida; o cuando entras en una farmacia y, antes de que te "toque la vez", la dependienta se acerca a la caja registradora y te pregunta: ¿Tú que quieres?. O cuando en la calle le preguntan a una cuanto cobra por acostarse. (...)
IDENTIDAD CULTURAL E INMIGRACIÓN
La interculturalidad o convivencia entre personas de diferentes orígenes culturales es un reto que tenemos que afrontar entre las personas de las sociedades receptoras y entre las personas inmigrantes. Nosotros/as porque abre nuestro universo cultural y social a nuevas presencias cercanas y cotidianas, ellos/as, porque les requiere un esfuerzo de comprensión y adaptación a un nuevo conjunto social. Todo ello en un contexto que está cambiando globalmente y sobre el cual la ciudadanía no parece tener mucha capacidad de intervención y control. De hecho la integración de las personas inmigrantes es sólo una faceta más de esta nueva dinámica que está transformando las relaciones humanas y sociales a pequeña y gran escala, la cultura cotidiana, la del pensamiento, la del arte, la de las relaciones laborales, etc.
Ser capaces de cambiar el apoyo a las personas inmigrantes en cuanto que necesitadas de información y portadoras de vivencias desconocidas para las demás personas que integran esta sociedad, por una relación de igualdad en las que ocupen su lugar en la reflexión compartida sobre temas de preocupación e interés igualmente compartidos, a la vez que estabilizan sus proyectos de vida aquí, nos ayudará a afrontar los retos de esta gran transformación cultural que, de momento, nos desorienta y desconcierta.
Cuanto más abiertos/as estemos al intercambio, más posibilidades tendremos, por ambas partes, de encontrar juntos/as caminos de solidaridad y co-responsabilidad en la construcción de la sociedad.
Escribe Isabel Allende:
"No les habían contado, sin embargo, que por cada afortunado 50 quedaban por el camino y otros 50 regresaban vencidos, que no serían ellos los beneficiados (...), ni que serían los más humillados entre los humildes. Pero si lo hubiesen sabido, tal vez de todos modos habrían emprendido el viaje al Norte."
Y la ecuatoriana Mª Lourdes Uquillas:
"Tomar decisiones no es fácil, más aún cuando las mismas nos llevan a abandonar nuestras raíces, nuestra familia, nuestro entorno, con los que hemos compartido experiencias, vivencias y amistades desde la infancia.
Muchas personas que han tomado este camino, lo han hecho por diferentes motivos, desde políticos, sociales, para realizar estudios, pasando incluso por razones de tipo sentimental.
Las ilusiones y perspectivas que uno sueña hallar en el nuevo destino son muy diferentes a las que en realidad se encuentra al llegar. Los primeros momentos y días son de total confusión, el cambio de costumbres, horarios, situaciones, nos lleva a tomarlo todo con calma porque sabemos que nuestro futuro depende de los pasos que vayamos dando. Pero todo es más duro cuando por diferentes motivos vemos que cada vez e más difícil legalizar la situación en la que nos encontramos en el nuevo teritorio. "
Y la argentina Ana María Peral señala en voz alta:
"La experiencia de la migración no resulta fácil, ni para la persona que llega a España, ni para la que salió en algún momento de ella. Las circunstancias y lugares pueden cambiar. La desesperanza y la frustación son las mismas.
Dicen que la distancia es el olvido... pero aquí estamos los inmigrantes para desmentir ese olvido. Para certificar con la añoranza que la ausencia de la tierra es una "herida absurda" que no cierra nunca. Porque está ligada a tu lugar, a tu gente, a aquellas pequeñas cosas, que hacen a la identidad del ser.
Y aquí estamos, en un país que amamos, pero que no es el nuestro. En una ciudad, con un consulado que no da respuestas, sino burocracia. Con becas muy complicadas, que siempre, siempre son para otros.
¿Alguien preguntó, acá, alguna vez, sobre nosotros? ¿Cómo nos sentimos? ¿Cómo fue nuestra vida de luchadores? ¿Cuándo alguien se ocupó de los miles de hombres y mujeres, perdidos en el anonimato?, casi piedras, confundidos con el paisaje, a quienes nunca los gobiernos de turno les hicieron caso, a ellos, los olvidados desde siempre.
Necesitamos en esta sociedad de acogida un apoyo solidario, una oreja atenta para escuchar viejas historias. Porque los consulados con su omnipotencia siempre estuvieron cerrados para nosotros. Nunca se llamó a profesionales inmigrantes para trabajar en ellos. Nunca fueron invitados a las recepciones. Claro, estoy hablando de los humildes, de los que no tuvieron la suerte de hacer fortuna, de los verdaderos inmigrantes.
Tal vez estas líneas rezumen resentimiento y dolor. Es cierto. Resentimiento por el olvido. Por el abandono. Dolor por la ausencia. Pero eso puede superarse, al menos mitigarse con la comunicación.
Aquí estamos. Mis padres y yo. Aquí están los Otros. Ojalá que esta puerta que se abre, no se cierre nunca.
BIBLIOGRAFÍA
Colectivo Amani: Educación Intercultural. Análisis y resolución de conflictos. Popular. Madrid.1994.
Jordán, J.A.: La escuela multicultural. Un reto para el profesorado. Paidós. Madrid. 1994.
Materiales audiovisuales
Las víctimas de la Ley de Extranjería. ECOE/AEME. Madrid
Dominicanas en la tierra prometida. ECOE/ Asociación de Mujeres Dominicanas. Madrid.
La voz del silencio. ACNUR. Madrid. 1992.
El color del Otro (Racismo en España). TVE S.A. Madrid. 1993.
Visado para un sueño. TELEMADRID.1991.

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sábado, 04 de julio de 2009
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